Tiempo

time

Si pudiera vivir nuevamente mi vida, en la próxima trataría de cometer más errores. 
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más. Sería más tonto de lo que he sido,
de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad
(…) Instantes. José Luis Borges.

El tiempo pasa volando, el tiempo es oro… siempre nos hemos preocupado por el paso del tiempo, ya que es un bien muy preciado. Todos hemos oído hablar del famoso carpe diem. Y en nuestra memoria colectiva tenemos grabado la imagen del capitán Garfio, de Peter Pan, destruyendo todos los relojes que encontraba a su paso con el deseo de parar el tiempo y alejarse de la muerte.

Hemos escuchado a personas que han vivido aislados o en situación de privación de libertad que una vez liberados, hablaban de los métodos que ideaban para sentir el paso del tiempo, diferenciar la noche y el día o el cambio de estaciones. De niños el tiempo era infinito, inagotable… de mayores el tiempo es un bien escaso y muy valioso.

El tiempo es una magnitud curiosa, no se puede comparar con ninguna otra. De hecho es una de las más democráticas que existen; todos tenemos las mismas horas al día. El tiempo es también inexorable, fluye en un sentido, no se puede parar, acumular o intercambiar.

Todos sentimos que tenemos que hacer mil cosas a lo largo del día. Vamos con nuestros propósitos apuntados y nuestros “tengo que” y muchas veces acabamos frustrados por no poder realizar todo cuanto queríamos. Además, la sensación subjetiva de falta de tiempo es una importante fuente de estrés.

La falta de tiempo es una de las dificultades que solemos acusar si queremos llevar una vida equilibrada y si queremos dedicar horas y energía a cada una de nuestras facetas vitales. Según algunos expertos sobre Time Management, muchos directivos u otros profesionales se ven obligados a acudir a múltiples reuniones en su día a día y se ven afectados por malos hábitos de otros, como no haberlas preparado o no marcar de antemano el fin de la misma, con lo cual se alargan hasta el infinito. Frases como, “¿Cuánto durará esta reunión?”, “¡El tiempo que haga falta!” suponen gestionar de forma poco efectiva el tiempo, además de ser una falta de respeto grande hacia el de los demás.

Tim Ferris en su exitoso best seller “La semana laboral de cuatro días” ofrece claves sencillas para mejorar nuestra vida y encontrar el equilibrio entre lo personal y lo profesional. En esencia, dejar de trabajar tanto y dejar de aplazar la realización de nuestros sueños a la jubilación para empezar a hacerlo a partir de este preciso instante.

En el famoso libro “Los siete hábitos de la gente altamente efectiva”, Stephen Covey nos habla de su matriz de la administración de tiempo, lo “urgente” y lo “importante” y de cómo solemos centrarnos en lo urgente y vamos aplazando lo importante. Para Covey, lo importante es aquello que “realiza una aportación a nuestra misión, nuestros valores, a nuestra metas de alta prioridad”…

Algunos cambios de hábitos nos permiten ser más eficientes en nuestro trabajo y con nuestro tiempo. La gestión de los famosos ladrones del tiempo, como filtrar las llamadas, organizar bien el correo electrónico o ser capaz de reducir las constantes interrupciones.

Lo más complicado supone ser capaz de gestionarnos a nosotros mismos, nuestros malos hábitos, nuestro perfeccionismo, la falta de asertividad para decir “no” ante continuos: “¿Tienes un minuto?” O algo más profundo, como gestionar el miedo que podemos sentir por delegar o confiar en los demás.

Dicen que los triunfadores son los que invertirán su tiempo en lo que realmente quieren alcanzar, porque lo que nos hace felices es lo que hacemos con nuestro tiempo y no las cosas que tenemos o adquirimos.

Existen técnicas aplicables a nuestro día a día para mejorar algunos de estos malos hábitos y sacarle más partido a este bien escaso. Así pues, una vez más, la tecnología nos puede ayudar con diversas herramientas corporativas, herramientas 2.0 o APPS que nos pueden facilitar la gestión de la agenda, del correo, de las tareas o las reuniones.

Hace poco, una directiva de una de las principales empresas del país, dio este consejo a unas chicas de su empresa, jóvenes con potencial. “Nunca olvidéis vuestra escala de valores”. Porque ya hemos aprendido, que a veces las prisas destruyen nuestros principales valores.

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